Prueba de juego: Gallardo, también bajo la lupa, ante una parada brava para su River :: Olé

Marcelo Gallardo tiene una estatua de casi ocho metros de alto y seis toneladas y media de bronce en la puerta del Museo de River. Es el técnico más ganador de la historia del club. Tiene en su palmarés la Libertadores más inolvidable de todos los tiempos, además de otras dos, obtenidas como deté y jugador. Cambió para siempre el paradigma de los superclásicos. Es dueño de todo tipo de récords e hitos para estos 125 años. La lista de medallas sigue, y aunque parezca increíble visto con ese cristal, este jueves el entrenador parece jugarse bastante más que tres puntos un 12 de febrero contra Argentinos, por la quinta fecha de un torneo local. Pero es así: después de un año y medio de frustraciones desde su regreso y sobre todo de un 2025 que para la interna de la mesa chica del CARP resultó en la peor campaña en una década y media, cada partido será una prueba importante para estos jugadores pero también para el Muñeco. Después de un arranque auspicioso en las primeras tres fechas, con algunos signos de recuperación, el mazazo del sábado contra Tigre, en la derrota más abultada como local para MG como técnico de River, retomó el malestar general externo con el que había finalizado la temporada pasada: y la lupa ya alcanza también a la leyenda. Así, el duelo contra el Bicho parece de diciembre más que de febrero, de esos que pueden dejar marcas: si el equipo gana y se levanta después de las cuatro piñas que se comió en casa, el flashback de la goleada en contra puede empezar a quedar de a poco aislado entre aguas calmas. Pero si River no da una muestra de carácter, si una derrota contagia a otra, se meterá en un espiral que decididamente será una continuidad de su última crisis futbolística y que pintará un panorama muy oscuro para un año que recién empieza.
Gallardo lo sabe. El Muñeco habló con el grupo tras el 1-4 y remarcó que el equipo no puede repetir una actuación así: el deté apostará por agarrarse de las buenas sensaciones que le dejaron los pasajes iniciales del Apertura, pero comprende perfectamente que la mochila que carga River desde su regreso ya no tiene lugar para otro golpazo como el del fin de semana pasado.
Y es que aunque hacia adentro Gallardo busque mantener y predicar la calma y en su análisis interno la paliza con Tigre tuvo mucho más que ver con una noche fatídica plagada de errores individuales, colectivos y estratégicos demasiado groseros (que coincidieron con una tarea perfecta de su rival para aprovecharlos) que con una tendencia a la baja, el clima afuera quedó otra vez muy espeso y el cuerpo técnico lo empieza a notar. Y no solo por la lluvia de críticas mediáticas y en redes sino por el conocimiento que tienen de los propios pasillos del Monumental.
Doble o nada
Así, los próximos dos partidos del torneo, con Argentinos y Vélez de visitante, con el accesible cruce ante Ciudad de Bolívar por Copa Argentina en el medio, suponen desafíos de alto riesgo cuando la temporada apenas amanece. Y, especialmente, el duelo en el Diego Armando Maradona será una prueba de fuego para MG y para su River. Una prueba de fuego y de juego, también: más allá del resultado, el equipo tiene que volver a representar a los hinchas, algo que no sucede desde hace mucho y que tiende al hartazgo de un público que el sábado pasado silbó e insultó a los jugadores antes y después del aliento de siempre.
River tiene que volver a funcionar colectivamente. Tiene que volver a ser confiable, recuperar su peso ofensivo de una vez, y especialmente volver a dar un golpe sobre la mesa en una parada brava como la siempre incómoda cancha de Argentinos y en un contexto adverso. Si no lo hace, las nubes seguirán sobre este segundo ciclo de un Gallardo que busca aplicar las fórmulas e ideas ganadoras del ayer a un plantel que por ahora no se vio preparado para ejecutarlas por capacidad, determinación, mentalidad e inteligencia. Este jueves, prueba de juego…
Fuente: www.ole.com.ar





